Los maestros judíos no solo rechazaron a los samaritanos, también desecharon a la mujer sorprendida en adulterio. Ellos estuvieron dispuestos a condenarla, pero Jesús estuvo dispuesto a restaurarla. El llamado de atención del maestro a estos fariseos, es también para la iglesia: “el que esté sin pecado, que arroje la primera piedra contra ella”. Si lo que se busca es ganar a los pecadores, entonces se debe dejar de lanzarles la piedra y mostrarles la misericordia de Jesús, quien dijo a la mujer adultera: Ni yo te condeno, vete y no peques más. Los fariseos querían enviarla al infierno, pero Jesús le dio otra oportunidad.
Necesitamos soltar las piedras y vestirnos de compasión para ganar a los pecadores, pues una casa desde la cual se lanzan piedras contra sus simpatizantes, jamás tendrá visitantes. Está condenada a la soledad, pero el propósito del padre es que su casa se llene.

